La historieta, tebeo o cómic español es una de las tradiciones de historieta más importantes a nivel europeo, gozando de sus años dorados en los años cuarenta y cincuenta, además de un boom entre finales de los setenta y mediados de los ochenta.Salado, Ana en De "Mortadelo y Filemón" a la robótica para ABC, Madrid, 23 de noviembre de 1983, pp. 56 a 57. Por lo demás, ha sufrido la estrechez e incluso crisis de su mercado, como en la actualidad, donde su facturación no llega al 6% de la producción editorial del país, y solo alrededor de un 10% de ella cuentan con autoría y producción autóctona.

Históricamente, sus mayores centros de producción han sido Barcelona, Valencia y Madrid, por este orden,Porcel (2002), 11-12. aunque muchos de sus dibujantes han tenido que trabajar para el extranjero.Salas, Carlos en Esos señores que hacen monigotes para El Mundo, 10/01/2010.Hidalgo, Juan Carlos (29/06/2010). «Los que queremos vivir del tebeo tenemos que emigrar a los Estados Unidos o Francia», La Opinión de Málaga. Carente de las ayudas públicas de las que gozan otras artes icónicas como el cine,Cuadrado, Jesús en "La esperanza, la norma y los siete sabios" de la serie "Al borde del Pesebre" núm. 5 para la publicación "Cómic Independiente" núm. 9, Madrid, noviembre de 1996. se puede decir, como el crítico Jesús Cuadrado, que «lo casual es condición sine qua non para que la Historieta, la Historieta española, se manifieste y sobreviva».Calatayud. Viñetas truncadas en Historia del tebeo valenciano. Editora Levante, Valencia, 1992.

En su trayectoria se inscriben revistas tan emblemáticas como Cairo, Chicos, En Patufet, Jaimito, El Jueves, Madriz, Rambla, Pulgarcito, TBO, El Víbora o Trinca; series como El Capitán Trueno, Cuto, Makinavaja, Makoki, Mortadelo y Filemón, Pumby, Torpedo 1936 o Zipi y Zape, y autores como Josep Coll, Mauro Entrialgo, Carlos Giménez, Jordi Bernet, Josep Maria Beà, Miguel Ángel Martín, Max, Miguelanxo Prado, Daniel Torres o Manuel Vázquez, incluyendo a pioneros como Apeles Mestres.

Su evento más importante es el Salón Internacional del Cómic de Barcelona y cuenta con un Premio Nacional del Cómic, además de una red de alrededor de 150 librerías especializadas.Europa Press (27/03/2007). Cultura crea el Premio Nacional del Cómic, "El Mundo".

Denominaciones 255px|thumb|Tapa del primer número de Dominguín (1915).

En España, a la historieta se la ha llamado también tebeo. Dicho término, puramente local, tiene su origen en la revista TBO, y designa sobre todo a la publicación que contiene historietas,Cuadrado, Jesús en Para saber de tebeos, artículo publicado en Tiza n.º 2, 10/1984. siendo consagrado su uso en la edición de 1968 del Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española.Eric Frattini y Óscar Palmer en la Guía básica del cómic, Nuer Ediciones, 1999, p. 55. Además de historietas, el tebeo de la postguerra española recogía «material diverso destinado genéricamente a la infancia» como concursos, juegos recortables, pasatiempos, secciones instructivas, etc.Lara, Antonio en El difícil mundo de las revistas infantiles para El País, 24/06/1976.

A mediados de los años 70, una parte del medio empezó a defender el uso del término de origen anglosajón comic (escrito al principio sin tilde) para potenciar una historieta de grafismo más realista, pretensiones esteticistas o experimentales y temas considerados más adultos, con abundantes dosis de erotismo, en detrimento de la más habitual en la postguerra, que se dirigía preferentemente a un público infantil.Vázquez de Parga, Salvador, con el seudónimo de Santi Valdés, en Los cómics gay, colección Biblioteca del Dr. Vértigo n.º 17, Ediciones Glénat, S. L., mayo de 1998, p. 10. Como explica el historietista Carlos Giménez:

El nuevo término se extendió con rapidez, llegando a aparecer en la denominación de los eventos de historieta que surgían por el país. A pesar de ello, las últimas revistas del boom del cómic adulto en España (Cairo y Madriz) y otras más recientes, como Viñetas intentaron recuperar el término tebeo, o variaciones del mismo, como neotebeo, puesto que como afirma Joan Navarro en el editorial del primer número de esta última revista: «Nosotros no estamos dispuestos a renunciar a nuestras palabras siguiendo el papanatismo vergonzante que ha imperado en las décadas precedentes».Navarro, Joan, en Viñetas n.º 1, Ediciones Glénat, 1993, p. 3.

Fernando Savater argumenta la diferencia conceptual entre "tebeo" y "cómic":

Historia

Orígenes y primeras manifestaciones ( y principios del ) Los antecedentes de la historieta en España se remontan a las aleluyas (o auca en catalán) del , composiciones impresas con viñetas acompañadas de textos rimados. Sin embargo, se considera que la primera historieta española fue Historia de las desgracias de un hombre afortunado (1857), publicada en la revista cubana La Charanga, obra del militar vasco Víctor Patricio de Landaluze, afincado en la isla, aún colonia española.«Historia de las desgracias de un hombre afortunado», en tebeosfera. En la península, figuras como Luis Mariani Jiménez destacaron en la década de 1860 con publicaciones como El Cencerro y El Tío Clarín .

A principios del , surgieron revistas ilustradas como En Patufet (1904) y Dominguín (1915), que incorporaron historietas dirigidas al público infantil y juvenil, marcando el inicio de una industria editorial dedicada al cómic.

La era dorada del tebeo (1939–1975) Tras la Guerra Civil, la dictadura franquista impuso una estricta censura que condicionó la producción cultural. No obstante, las décadas de 1940 y 1950 son consideradas la "edad de oro" del cómic español. Editoriales como Bruguera y Valenciana lideraron el mercado con personajes emblemáticos como El Guerrero del Antifaz (1944), Capitán Trueno (1956), Zipi y Zape y Mortadelo y Filemón (1958), este último creado por Francisco Ibáñez.

Durante este periodo, se consolidaron géneros como la aventura, el humor y la historieta romántica, esta última dirigida principalmente al público femenino.

El bum del cómic adulto y la transición democrática (1975–1989) La transición a la democracia propició una apertura cultural que se reflejó en la historieta. Surgieron revistas como El Víbora, Totem y Cairo, que promovieron un cómic más experimental y dirigido al público adulto. Autores como Carlos Giménez, con obras como Paracuellos, ofrecieron relatos autobiográficos y críticos sobre la posguerra y la dictadura.

Este periodo también vio el auge de la novela gráfica y la consolidación de eventos como el Salón Internacional del Cómic de Barcelona, iniciado en 1981.

Crisis y transformación del sector (1990–2000) La década de 1990 estuvo marcada por una crisis en la industria del cómic español, debido a factores como la competencia de otros medios de entretenimiento y la saturación del mercado. Muchas revistas cerraron, y editoriales como Bruguera desaparecieron o fueron absorbidas por otras compañías. Sin embargo, algunos autores y publicaciones lograron mantenerse, adaptándose a las nuevas circunstancias.

Renovación y reconocimiento (2000–presente) En el , el cómic español ha experimentado una renovación, con la aparición de nuevos autores y la consolidación de la novela gráfica como formato. Obras como El abismo del olvido de Paco Roca y Rodrigo Terrasa han abordado temas históricos y sociales, recibiendo reconocimiento tanto nacional como internacional.

Además, iniciativas como el Premio Nacional del Cómic, establecido en 2007, han contribuido a la valorización del medio. Autores como Teresa Valero, con su serie Contrapaso, y Pedro Cifuentes, con sus cómics educativos, representan la diversidad y vitalidad del cómic español contemporáneo.

Industria

Desde la aparición del primer tebeo, Dominguín, en 1915, Barcelona ha sido la principal productora de los mismos. Esto se atribuye a causas económicas, así como a su mayor disponibilidad de artistas (los cuales trabajaban ya para otros semanarios) y a su carácter más «europeo» en comparación con otras ciudades.Martín (01/1968), p. 8. Bien es cierto que Madrid produce tebeos de calidad, como Chiquilín (1924), Pinocho (1925) o Macaco (1928), pero también más minoritarios.Martín (01/1968), pp. 10 a 11.

Durante las dos primeras décadas del siglo pasado, sin embargo, la distribución se limitaba a la región de procedencia, siendo bajas las tiradas:Martín (01/1968), p. 9. AñoRevistaN.º ejemplares1917TBO90001922La Alegría Infantil50001927Crispín5000

Es en los años 30 cuando se populariza por fin el medio, logrando TBO una tirada de en 1935. Muchas de las empresas, sin embargo, nunca dejaron de ser familiares, como testimonian sus propios nombres: Bruguera, Calleja, Marco, Parent, Vives.Martín (1967), p. 10.

Durante la Guerra Civil, muchas editoriales desaparecieron, mientras que otras se subordinaron a los intereses partidistas en lugar de los comerciales.Martín (02/1968), pp. 63 a 64. Hubo sin embargo una relativa abundancia de papel, merced a las importación desde Alemania, lo que permitió tiradas de más de cien mil ejemplares.Martín (02/1968), p. 66.

Entre 1940 y 1950, la precaria situación económica obligó a recurrir a cupos de papel, llegándose a usar el original como «el cliché directo que iba a la imprenta».Benavent, Joan (1982). Entrevista a Jesús Blasco, Colección Un hombre, mil imágenes n.º 3, Norma Editorial, 1982. Además, la mayoría de los tebeos no consiguieron autorización como publicación periódica, lo que les obligaba a renovar continuamente su permiso de edición y a no incluir la numeración, la fecha ni idéntico título en la portada.Martín (02/1968), pp. 65 a 67. Solo a partir de 1946, los tebeos comerciales empezaron a mejorar su periodicidad,Martín (02/1968), pp. 72 a 73. desarrollándose un auténtico mercado nacional, en el que vuelven a dominar los productos barceloneses, más comerciales.Martín (03/1968), pp. 125 a 127. Durante los años cincuenta sus editoriales más importantes fueron Bruguera, Cliper, Hispano Americana de Ediciones y Toray.Martín (03/1968), pp. 135 a 137.

A finales de los años 50, el aumento de la capacidad adquisitiva permitió que las editoriales pudiesen empezar a desdoblar sus publicaciones, lanzando varias revistas dirigidas a un mismo público con la garantía de que lograrían compradores.Ramírez (1975), p. 64.

Según el padre Jesús M. Vázquez, secretario general de la Comisión de Información y Publicaciones Infantiles y Juveniles, a mediados de los años 60 se vendían anualmente más de 85 millones de ejemplares (78 de autoría nacional) de unos 100 títulos de revistas infantiles.ROMERA, Encarna (28/10/1965).Notas sueltas. Las revistas infantiles, ABC, p. 45. Entre 1969 y 1970, la difusión media de una revista femenina como Lily, alcanzaba los 42.430 ejemplares por número.Fontes, Ignacio y Menéndez, Manuel Ángel en el Capítulo 7 de "El parlamento de papel. Las revistas españolas en la transición democrática", Grupo Anaya para la Asociación de la Prensa de Madrid, 12/2004, Tomo 1.

Los años sesenta, acompañando a la tremenda subida de la natalidad en la época, llenaron las calles de niñas y niños con pocas diversiones: la propia calle para jugar con la pelota, a policías y ladrones, la cogida o el escondite; y la lectura en la casa, donde era muy raro que no se pudiesen encontrar ejemplares de las publicaciones de Bruguera, las más populares. La televisión del régimen solo tenía un canal y los niños eran expulsados muy pronto del salón, ya que muchas de las películas eran “para mayores”.