El pogromo de Iași fue la matanza de judíos más famosa del holocausto en Rumanía, parte de una serie de matanzas que precedieron a la deportación y exterminio de los judíos rumanos de Bucovina y Besarabia, así como de los de Transnistria. La matanza, en la que perdieron la vida varios miles de personas —el número exacto se desconoce, quizá alrededor de ocho mil—, tuvo lugar en la capital moldava entre el 27 de junio y el 7 de julio de 1941 y en dos trenes de deportados de la ciudad.

El pogromo lo organizaron el servicio de espionaje (Servicio de Información Especial, SSI), la Sección II del Estado Mayor —encargada de la vigilancia de los partidos políticos y las minorías— y los servicios secretos alemanes, principalmente la Abwehr. La mañana del 26 de junio, tras el comienzo de la operación Barbarroja, Iași sufrió un segundo bombardeo soviético, esta vez con graves consecuencias. Este segundo ataqué agudizó la hostilidad hacia los judíos locales; autoridades militares aseguraban haber encontrado miembros de la comunidad en los aviones soviéticos derribados y haber detectado paracaidistas enemigos en la ciudad.

La noche del sábado 29, después de que un avión —posiblemente alemán— lanzase una bengala de señales, se comenzaron a oír disparos en la ciudad que intimidaron a las unidades que la estaban cruzando camino del frente. Las tropas se desplegaron por la ciudad disparando, aunque no había habido víctimas alemanas o rumanas en los tiroteos. La mañana del 29 y tras nuevos tiroteos, más judíos fueron asesinados, mientras que se trasladaba a otros en columnas a la comisaría central, en medio del maltrato de militares —rumanos y alemanes— y civiles. Las propias autoridades policiales y militares, al tiempo que acusaban a los judíos y comunistas de atacar a las tropas y de aterrorizar la ciudad, admitían que las unidades no habían sufrido baja alguna y no se había encontrado a ninguno de los supuestos francotiradores ni armas en posesión de los hebreos a los que se había registrado. Tras rodear la comisaría y las calles adyacentes, los soldados alemanes y rumanos y los gendarmes así como algunos civiles comenzaron a disparar a la multitud encerrada en ella alrededor de las dos de la tarde. La matanza continuó intermitentemente hasta las seis de la tarde.

Esa misma tarde, una reunión de responsables civiles y militares, con presencia alemana y permiso del Ministerio del Interior, decidió expulsar de la ciudad a los supervivientes; la orden se restringió más tarde a los «varones sospechosos». Los cerca de dos mil quinientos supervivientes de la matanza de la comisaría comenzaron a trasladarse a la estación de ferrocarril a las ocho de la tarde. Con los vagones a su máxima capacidad, el tren partió la madrugada del día siguiente. La tarde del día 6, el tren alcanzó su destino, Calarasi. El recuento arrojó un total de mil setenta y seis supervivientes, sesenta y nueve de ellos moribundos, y otros veinticinco cadáveres. El tren había recorrido unos quinientos kilómetros en seis días y medio, en mitad del calor del verano, casi sin agua; en el traslado habían muerto más de mil cuatrocientas personas. Un segundo tren partió de Iași hacia las seis de la mañana del 1 de julio. Mil ciento noventa y cuatro de los deportados murieron y fueron enterrados en Podul Iloaei.

Se desconoce el número exacto del víctimas del pogromo pues, aunque se conoce con bastante exactitud el número de los que murieron en los trenes, no ocurre lo mismo con los asesinados en la ciudad.

Antecedentes Rumanía contaba con una larga tradición de antisemitismo gubernamental que se inició en 1867 y que en 1913 ya había producido ciento noventa y seis leyes discriminatorias. Iași, capital de Moldavia y con abundante población judía, era una ciudad de intenso antisemitismo, donde habían surgido tanto la LANC de Alexandru C. Cuza como la Guardia de Hierro. En el verano de 1941, contaba con una población de unos cien mil habitantes, de los que la mitad eran judíos.

Durante la precipitada retirada rumana de Bucovina y Besarabia en junio de 1940, cedidas a la URSS mediante ultimátum, ya se habían producido matanzas en la provincia. Al menos ciento treinta y seis judíos habían muerto a manos de los soldados rumanos en retirada. Solo en Dorohoi, una unidad había asesinado a unos cincuenta judíos, muchos de ellos ancianos y niños.

Más tarde, durante la fallida revuelta de la Guardia de Hierro contra el general Ion Antonescu que puso fin a la coalición de gobierno entre ambos en enero de 1941, al menos ciento veinte judíos murieron a manos de los legionarios. A pesar de la represión de la Guardia, muchos de sus miembros, así como del antisemita Partido Nacional Cristiano permanecieron en el régimen militar presidido por Antonescu que siguió a la abolición del Estado Nacional Legionario.

En los meses previos a la invasión de la URSS, el antisemitismo oficial se acentuó. Se presentaba a los judíos como elementos parásitos de la sociedad rumana y agentes soviéticos. El día antes del comienzo del ataque, el 21 de junio, Antonescu ordenó que todos los judíos varones entre dieciocho y sesenta años que residiesen entre el Siret y el Prut fuesen deportados al sur del país, mientras sus familias quedaban confinadas en algunas ciudades, según él por petición alemana. La cercanía de la capital moldava al frente y su numerosa población hebrea preocupaba a los mandos militares alemanes y rumanos.

Vísperas El pogromo lo organizaron el servicio de espionaje (Servicio de Información Especial, SSI), la Sección II del Estado Mayor —encargada de la vigilancia de los partidos políticos y las minorías— y los servicios secretos alemanes, principalmente la Abwehr. El SSI había formado un grupo, el «primer nivel operativo», formado por unos ciento sesenta hombres, para frustrar posibles intentos de sabotaje, espionaje o terrorismo en la zona del frente. Lo encabezaba el propio jefe del servicio, Cristescu. Una de las tareas oficiosas de este grupo era la eliminación, bien mediante deportación o mediante exterminio, de la comunidad judía moldava. El grupo participó más tarde también en las matanzas de Kishinev y Odesa. El «primer nivel operativo» despachó un equipo —dividido en varios grupos— a la ciudad para coordinar la operación con los mandos militares y policiales, mientras el vice primer ministro Mihai Antonescu se encargaba de coordinar al SSI y a los comandantes alemanes destacados en la zona, además de a la embajada alemana. El teniente coronel Ionescu Micandru, responsable de la sección G (Alemania), acompañado del agregado de la Abwehr en la embajada alemana y del oficial de enlace del SSI, visitó al comandante de la 14.ª División para coordinar la participación de la unidad en el pogromo. Otro grupo del SSI había llegado a la ciudad cinco días antes para encargarse de la coordinación con la policía. Se sabe que una tercera unidad, dirigida por un hermano de Cristescu, participó también en el pogromo y recopiló un álbum de fotografías de la matanza que envió al vice primer ministro, pero se desconocen los detalles de su actividad. El comandante del einsatzgruppe D, Otto Ohlendorf, también participó en los preparativos. El general Antonescu no ordenó el pogromo, pero sí las acciones de represalia por los supuestos ataques de los judíos a las tropas que desencadenaron la matanza, al tiempo que dejaba la gestión de la Administración en manos del vicepresidente, que había preparado la acción.

El 17 o 18 de junio, tres unidades («legiones») destinadas a garantizar de las regiones recuperadas de la URSS una vez retomadas, recibieron orden de «limpiar el terreno» como primera tarea en estas provincias, lo que incluía el asesinato de los judíos que residían en las zonas rurales o la concentración en guetos de aquellos que vivían en las ciudades.

El 21, periódicos que llevaban meses atizando el odio a los judíos indicaban en sus ediciones que había llegado el momento de liberar Besarabia y de vengarse de los judíos, a los que acusaban de la humillación militar del año anterior. Las expresiones de antisemitismo en los diarios se repitieron en el número especial del día siguiente, el primero de la operación Barbarroja.

Tras el comienzo de los combates, las fuerzas aéreas soviéticas atacaron la ciudad el 24, aunque con escaso efecto. El ataque, sin embargo, sirvió para que fuerzas antisemitas de la ciudad, incluyendo legionarios, miembros de la LANC y miembros del Ejército, desatasen una campaña de acusación a la comunidad judía de estar colaborando con los soviéticos y haber facilitado el ataque de los aviones enemigos. Al día siguiente, policías locales comenzaron a indicar a la población cristiana que marcase sus hogares con cruces, acción que en Dorohoi en 1940 había precedido a las matanzas de judíos. Ese mismo día, se envió a varios judíos a cavar fosas en el cementerio hebreo. La mañana del 26, la ciudad sufrió un segundo bombardeo soviético, esta vez con graves consecuencias: varios edificios importantes resultaron dañados y las bombas causaron unos seiscientos muertos, treinta y ocho de ellos, judíos. Este segundo ataqué agudizó la hostilidad hacia los judíos locales; autoridades militares aseguraban haber encontrado miembros de la comunidad en los aviones soviéticos derribados y haber detectado paracaidistas enemigos en la ciudad. Esa misma tarde, se convocó a los dirigentes de la comunidad judía en la comisaría central de la ciudad y se les acusó de colusión con «pilotos judío-soviéticos derribados». Los responsables policiales y militares de la ciudad reforzaron las comisarías locales con gendarmes y ordenaron el registro de las casas en busca de saboteadores y espías. El registro acabó con trescientos diecisiete judíos detenidos, acusados de poseer linternas o paños rojos.

La misma noche del viernes, se detuvo sin cargos a un joven judío. Al día siguiente, se le trasladó junto con otros cinco jóvenes hebreos al cementerio judío de Pacurari, donde encontraron amplias fosas excavadas días antes por orden de las autoridades, sin que se les informase de para qué se les enviaba allí. Tras varias horas de inactividad, comenzaron a llegar los carros de la basura cargados con los cadáveres de las primeras víctimas de a matanza.

Pogromo en la ciudad El sábado 28, treinta soldados, dirigidos por un sargento que ya había asesinado a algunos judíos en los días anteriores, saquearon unas casas con la excusa de buscar una radio. Detenido por la policía y por las autoridades militares, se le liberó poco después. En el informe sobre los saqueos, Lupu anotó que las casas cristianas del distrito que había sufrido el ataque se habían marcado con una cruz para facilitar la identificación de las judías. El mismo día, comenzaron a aparecer carteles animando a la población a asesinar a los judíos, acusados de comunistas.

Alrededor de las nueve de la noche, después de que un avión —posiblemente alemán— lanzase una bengala de señales, se comenzaron a oír disparos en la ciudad que intimidaron a las unidades que la estaban cruzando camino del frente. Las autoridades policiales y militares enviaron patrullas para arrestar a los supuestos francotiradores. Las tropas se desplegaron por la ciudad disparando, aunque no había habido víctimas alemanas o rumanas en los tiroteos. Se extendió el rumor de que paracaidistas enemigos campaban por la ciudad y durante toda la noche grupos de soldados alemanes, rumanos, gendarmes y civiles la recorrieron, saqueando y asesinando judíos. El informe policial del día siguiente a la capital acusaba a comunistas rumanos y judíos de haber utilizado ametralladoras para causar el pánico y entorpecer el paso de las tropas y de ser esta la causa de los registros domiciliarios.