La Silla presidencial de México es uno de los objetos, atributos y emblemas que, junto con la banda presidencial, es considerado un distintivo del cargo de Presidente de la República. Como objeto material e histórico, ha tenido al menos quince representaciones que, aunque nunca han sido oficializadas por decreto, reglamento o protocolo, tradicionalmente se les señala como las Sillas Presidenciales.

No obstante, destacan dos por su rol protagónico en la historiografía mexicana, que las ubican en el imaginario colectivo y la narrativa mediática como las más simbólicas. La primera fue fabricada alrededor de 1868, como un obsequio de la «Escuela de Artes y Oficios» para el presidente Benito Juárez; celebre por diversos archivos fotográficos y pictóricos, está tallada en madera dorada, tapizada de terciopelo rojo, cuenta con un monograma bordado con hilos de oro y plata en el respaldo, y tiene como principal distintivo la talla de madera en el cabezal con el águila republicana, una alegoría del sol y un gorro frigio, así como las patas delanteras en forma de águilas con las alas extendidas; actualmente se exhibe en el Museo de Palacio Nacional, y contrario a una divulgación errónea, está plenamente documentado su uso habitual por los mandatarios, desde su origen y hasta al menos 1929.

La segunda es el asiento ejecutivo del conjunto de muebles en el «Salón de acuerdos» de Palacio Nacional; fue hecha por encargo de Porfirio Díaz entre 1904 y 1906, realizada en madera de palisandro, tiene como principales características, el tapizado verde con un escudo nacional en el respaldo, y un cabezal coronado con la escultura del escudo nacional de la época (la versión diseñada por Tomás de la Peña usado entre 1880 y 1909); se le vincula más con los gobiernos posteriores a la Revolución Mexicana, esto debido en gran medida a que, casi todos los presidentes desde 1917 se han tomado la fotografía oficial sentados en ella junto a una bandera y usando la banda presidencial. Esta silla permanece en el Palacio Nacional como parte del mobiliario para uso exclusivo del Presidente de México; en público, por su simbolismo popular, es usada en actividades protocolarias.

Dentro del mismo recinto ejecutivo en cada salón de las áreas protocolarias existe una silla o sillón por cada uno, que por su ornamentación (un escudo nacional como cabecera), son en los hechos también «sillas presidenciales», en suma nueve asientos de uso protocolar y de labor; a estas se añaden cuatro más, que hoy forman parte de acervos museísticos. También, existe un uso retórico y simbólico del término «silla presidencial» a lo largo de la historia, principalmente, para referirse al cargo presidencial, o al poder político conferido al puesto de Presidente de México.

Historia Antecedentes

miniatura|derecha|200px|Trono de Agustín de Iturbide en la Catedral Metropolitana de México.

Bajo las tradiciones europeas e indígenas americanas, a las cabezas de gobierno y estado se les ha distinguido con títulos o sitios que muestran su supremacía sobre los demás habitantes o personas con poder político, por ejemplo en el aspecto de títulos, entre los indígenas nahuas se daba el título de Tlatoani (el que habla) al que tenía voz de calidad en el gobierno del estado, por lo mismo durante sus presentaciones en público se le situaba en un lugar de distinción, con un mueble especialmente hecho para eso, como dejó dicho Bernal Díaz del Castillo.

Luego de la conquista y construido el Palacio Virreinal, en lo que hoy es el Salón de Recepciones se construyó un trono con dos sillas especialmente adornadas para el monarca español y su esposa, ambas bajo un palio y un manto que cambiaba con el escudo de cada uno de los reyes españoles, de ese trono se tienen pocos registros, nunca fue usado, estaba preparado para recibir a algún monarca español que visitara la Ciudad de México; cuando el Virrey hacía actos oficiales en ese salón, usaba una silla cualquiera situada debajo y a la derecha de la plataforma donde se ubicaban las sillas del trono, como un distintivo de su supremacía política, pero nunca se menciona que fuera una silla especial, al contrario de lo que pasaba con el monarca y su consorte.

Al final del Virreinato de la Nueva España solo se sabe que el Salón del Trono fue remodelado y renombrado como Salón del Solio, para que en el hiciera las recepciones oficiales el nuevo monarca mexicano Agustín I. Durante esta etapa se supone que una banca de dos posiciones fue usada como silla para uso exclusivo del emperador, pero no se tiene información oficial de ello y como serían los Protocolos del Palacio; por otro lado en la Catedral Metropolitana de México (dentro de la Capilla de San Felipe de Jesús, donde también están los restos del monarca) se resguarda una silla de madera recubierta con hoja de oro y tapizada de terciopelo, que fue el trono de Agustín de Iturbide, y de la que hay una copia en el Museo Nacional de las Intervenciones en Churubusco. A la caída del Primer Imperio Mexicano el Salón del Solio, que no se había acabado de remodelar, se renombró como Salón de Recepciones; en esta etapa está documentado que el diseño de los muebles en los salones de Palacio, estaban determinados para que los asientos con el respaldo más alto fueran los ocupados por el presidente y su cónyuge, aunque no tenían una ornamentación distintiva; además en el Salón de Sesiones que tenía el Congreso en el mismo Palacio Nacional, existía un par de sillones que presidían el recinto, ambos eran de madera y estaban tapizados de terciopelo rojo, situados bajo un palio y una imagen de la Virgen de Guadalupe, esas sillas se destruyeron en 1878 y no se sabe que estuvieran marcadas de algún modo para distinguir donde se situaban el presidente y el presidente del congreso, los únicos que podían sentarse en ellas.

La silla de Juárez miniatura|derecha|250px|Reproducción de la primera Silla Presidencial, en el Museo de la Revolución Mexicana; la original se encuentra en Palacio Nacional.

Origen y características miniatura|derecha|200px|Pendón del conjunto ornamental de la silla presidencial de Benito Juárez.

Entre 1824 y 1867 está documentado que el patrón que seguían los asientos en los salones de Palacio, era ubicar al primer mandatario en aquella silla o sillón con el respaldo más alto, aunque no tenían el hoy característico adorno del escudo nacional; además se sabe que existían lugares especiales donde se reservaba algún asiento para cuando tuvieran la presencia del presidente, como ocurría en la Catedral Metropolitana, la Colegiata de Guadalupe, el recinto legislativo de Palacio Nacional o el Teatro Nacional, pero no que hubieran sido hechas para ese fin en específico.

La denominada "silla presidencial" (algunas fuentes lo llaman «sillón presidencial») fue un regalo de parte de los alumnos de la «Escuela Nacional de Artes y Oficios» al presidente Benito Juárez, en agradecimiento al apoyo concedido para la consolidación de la institución educativa, destacando la colaboración del mandatario para que les fuera otorgado como edificio principal el ex-convento de San Lorenzo en la Ciudad de México. Aunque la fecha exacta de su hechura se desconoce, lo más probable es que esto ocurriera en los últimos meses de 1868; las referencias más actualizadas atribuyen su diseño a «Gumersindo Mendoza», profesor de química del plantel. La silla era parte de un conjunto compuesto, además, por un dosel adornado con motivos prehispánicos, un cortinaje de terciopelo de dos piezas y un pendón con el águila republicana.

La silla es una pieza de estructura de madera tallada, cubierta con hoja de oro. El marco del respaldo está separado del asiento y decorado con hojas en roleos; su larguero derecho muestra hojas de encina y el izquierdo, hojas de laurel. El copete o cabecera está formado por una talla de águila de frente, mirando a la derecha, con las alas abiertas y en el pico una serpiente; el ave está posada sobre un islote con nopalera, del cual se desprenden hojas de laurel y encina. Un gorro frigio y un amplio resplandor enmarcan el diseño. Los brazos de línea ondulada, arrancan con un diseño de hojas de acanto en roleos; poseen descansabrazos de terciopelo rojo con flecos. La madera está tallada con diseño de cuchillos de obsidiana y chalchihuites. Los apoyos de los brazos son cabezas de águila que tienen la segunda función de ser el arranque de las patas. Las patas delanteras están formadas con águilas de alas abiertas unidas por una cinta de cuchillos de obsidiana y chalchihuites, que a su vez constituyen la cortina o cintura de la silla. Las patas del ave descansan en esferas.

El respaldo, los brazos y el asiento están tapizados con terciopelo rojo. El respaldo muestra un bordado de hilos de oro y plata, con el diseño del monograma «RM», que significa República mexicana. En la parte superior de la letra "R" se colocó un gorro frigio con resplandor; la grafía "M" fue armada con un águila posada sobre una nopalera, las alas extendidas hacia arriba y de ellas penden hojas de encina y laurel; con el pico aprisiona una serpiente. El ave se posa sobre una columna. Las medidas de la silla son 157 cm de altitud, 90 cm de anchura y 88 cm de profundidad.

El pendón es una pieza de terciopelo rojo bordado con hilos de seda y plata. El perfil está delineado con hojas de acanto de hilo de plata y flecos. Al centro se plasmó el diseño del águila republicana: un ave de frente mirando a la izquierda, con las alas extendidas hacia abajo, posada sobre una nopalera que crece de un islote; el diseño está rodeado de guirnaldas de hojas de laurel y encina. Sobre el ave se bordó un gorro frigio con la inscripción «Libertad» en mayúsculas, encima de un amplio resplandor. De la pieza cuelgan cuatro borlas.

El cortinaje se compone de dos piezas con función de ser laterales colgadas del dosel. También de terciopelo rojo, están bordadas con diseños de flores, guirnaldas y encinas, elemento que enmarcan la serie de monogramas «RM» y los gorros frigios con la inscripción «Libertad» en mayúsculas y su respectivo resplandor.

El capitel, o corona del dosel, es un semicírculo de madera terminado en hoja de oro fino y decorado con elementos presentes en la Piedra del Sol. Los elementos decorativos están distribuidos en cinco cintas o hileras. Una cinta de chalchihuites en la base y una segunda fila de «xihuitl» ("año" en náhuatl) símbolo de la turquesa, este elemento está formado por cuatro cuentas, una en cada esquina, y una más al centro. En la hilera central se observan 20 «tonallis» (días) y sobre esta hilera se repite el diseño del «xihuitl» pero con rayos solares; cada uno de los 20 tonallis están representados con figuras como vegetales, animales, armas, el glifo del viento y construcciones. Le sigue una línea perfilada de donde surgen puntas de púas. La pieza está rematada por una hilera de plumas. Al centro tenía un escudo con el monograma «RM» enmarcado en un círculo, rodeado por las figuras de un león rampante, un garrote con navajas de obsidiana, un penacho de plumas, un carcaj con flechas y un águila; este escudo es el único elemento de todo el conjunto que se perdió completamente, y se conocen sus características por fotografías de la época.

Uso y trayectoria miniatura|derecha|150px|Presidente Francisco Lagos Chazaro sentado en la primera silla Presidencial.