thumb|300px|Sapa inkakuna, cuadro cusqueño del siglo con los linajes incas mentados por las crónicas coloniales y su relación con las reinas reales del Cusco, que esconden tras de sí una compleja representación de la organización social del tahuantinsuyo.

La nobleza en el tahuantinsuyo fue un grupo social privilegiado compuesto, según el historiador José Antonio del Busto, por cuatro grupos: Realeza o la corte imperial, conformada por el Inca (el monarca), la Coya (esposa principal del Inca), los auquis (príncipes) y las ñustas (princesas). Nobleza de Sangre, conformada por los descendientes de cada Inca y miembros de la etnia inca o taipicalas, quienes integraban los ayllus reales o panacas. Ejercían las más altas funciones, como gobernadores, funcionarios imperiales, generales, sumos sacerdotes, etc. Nobleza de Privilegio, cuyos miembros no pertenecían a la familia imperial, sino que eran nacidos del pueblo, pero que por sus grandes servicios prestados al Estado (en las guerras, en el culto religioso, en las obras públicas, en las artes, etc.) habían alcanzado tal jerarquía. Tal era el caso de los jefes militares, los sacerdotes y las acllas. Nobleza de las etnias anexionadas, es decir, los curacas y sus parentelas que conformaban la aristocracia regional y local.

Se estima en más de 10 000 individuos repartidos en diferentes partes del Tahuantinsuyo, que cumplían funciones administrativas y militares. Parte de las estrategias utilizadas por los incas para someter a otros pueblos, luego de enfrentamientos militares, era establecer alianzas matrimoniales entre los gobernantes locales y las hijas o concubinas del Inca a modo de crear lazos que permitieran la ocupación pacífica. También era habitual que el curaca entregara a sus hijas o esposas al Inca, las que se enviaban directamente al Cuzco para formar parte de su panaca.

Todos ellos gozaban de múltiples privilegios, como trasladarse en litera, montar caballos (durante el virreinato), vestir telas finas, protegerse con quitasoles, y tener varias concubinas y servidores, los yanaconas. Por debajo se encontraba la gran masa de población, los hatunruna o «gentecomún» quienes tributaban para la manutención de estas castas.

Historia

+Clases sociales del imperio incaicoClases socialesRepresentantes Realeza Inca. Coya: Esposa del inca. Auqui: Hijo del inca y heredero. NoblezaNobleza de Sangre: Restantes miembros de las Panacas (parientes del anterior inca). Nobleza de Privilegio: Personas que destacaron por sus servicios; Sacerdotes, Acllas y Altos jefes. AilluHatun Runa: Tributarios (campesinos). Mitimaes: Grupos trasladados para colonizar nuevas regiones enseñando a los pueblos nuevas costumbres. Yanaconas: Servidores del inca y del imperio. Piñas: Prisioneros de guerra dependientes del inca que no eran escogidos como Yanaconas. Imperio incaico Para distinguirse del resto, los varones miembros de la nobleza se trasquilaban el cabello, cortándoselo y llevándolo sumamente corto en comparación a todos los habitantes del Imperio, quienes estimaban mucho llevar el cabello largo. Los de la etnia incaica, además se deformaban el cráneo en forma tubular erecta. Panaca real Los incas constituían una verdadera casta dentro del imperio con características de exclusividad y preeminencia hacia los súbditos comunes. Sus miembros pertenecían a las panacas, las familias creadas por cada uno de los soberanos incas que se habían sucedido en el trono. Esta nobleza, al igual que los soberanos, formaban una estirpe, debido a los enlaces endogámicos que establecían entre sí, no tanto para conservar la pureza de sangre sino para mantener los estrechos vínculos de parentesco con el Sapa Inca. La pertenencia a esta élite restringida estaba determinada por lazos de consanguinidad y nadie podía acceder a ella salvo por derecho de nacimiento. Las excepciones eran los llamados "nobleza por privilegio", una categoría limitada de individuos comunes que se habían distinguido por méritos militares excepcionales y que eran acogidos en las filas de la nobleza en consideración a las cualidades demostradas en la batalla. Orejones El derecho de nacimiento era un requisito indispensable para ser miembro de la realeza incaica o curacal, que se confirmaba durante la juventud con el ritual de warachikuy, donde se elegía a los jóvenes cusqueños según su destreza física o mental y donde elegían su segundo nombre dejado atrás el de su nacimiento, el ritual finalizaba con una solemne ceremonia que consistía en la perforación de los lóbulos de las orejas y la introducción en ellos de aquellos discos de oro que eran la insignia de la casta y que habrían dado a los incas el apelativo de orejones por los conquistadores españoles.

La guerra los involucró de manera preponderante, pero también tuvieron que acometer todos los trámites administrativos que regían el complejo aparato estatal y preveían la gestión del Estado. Siendo ellos los únicos en alcanzar los conocimientos técnicos y jurídicos necesarios, también tuvieron que cargar con la carga de administrar justicia y planificar las inmensas obras arquitectónicas y agrícolas que caracterizaron a la civilización inca.

Nobleza de privilegio

Muchos de los grandes generales del imperio incaico fueron ennoblecidos y sus familias liberadas de tributos gracias a su destacado desenvolvimiento militar durante la expansión del imperio incaico.

Nobleza curacal o regional Se conformó por los gobernantes de las etnias aliadas o conquistadas por los incas en su expansión, estaban los curacas de guarangas (jefes de 1000 familias) y los curacas de pachacas (jefes de 100 familias) que los sucedían, estos accedían al cargo por elección del sapa inca o por derecho de nacimiento al ser descendientes de gobernantes locales anteriores a los incas. En palabras de Franklin Pease García Yrigoyen:

Tuvieron un papel muy importante en la administración civil y militar del Tahuantinsuyo ya que eran los miembros que tenían contacto directo con la población del imperio y organizaban partidas dedicadas a las mitas, al pastoreo y la producción agrícola. Se destaca también su grado de independencia y su apoyo militar al inca cuando este lo solicitaba, cabe destacar que muchos de ellos estaban emparentados con los sapa incas, ya que las princesas locales eran concubinas de este en el Cusco. Se tienen por ejemplo a Contarhuacho de Huaylas y Añas Colque.

El curaca, sin embargo, no actuaba solo, compartía su poder con un yanapaque o segunda persona, como lo conocieron los españoles. Este generalmente era un pariente cercano, o usualmente su hermano, quien lo reemplazaba cuando se enfermaba, envejecía, estaba incapacitado físicamente o se ausentaba. El símbolo supremo de su autoridad era la tiana (quechua: tiyana, 'asiento') o dúho, un asiento de madera, piedra o metal, de apenas 20cm de altura aproximadamente, objeto del cual tomaban posesión el día de su asunción al mando.

Durante el virreinato La llegada de los conquistadores españoles, la Conquista del Tahuantinsuyo y su incorporación al Virreinato del Perú no supuso la extinción de la nobleza inca, debilitada ya por el desastre de la guerra civil incaica y epidemias que condujeron a la Catástrofe Demográfica Andina, sino que fue integrada dentro del nuevo sistema virreinal como regularmente sucede durante los procesos de conquista y anexión territorial, en una situación análoga a la nobleza polaca bajo el dominio ruso, la nobleza india bajo el británico, la Noruega danesa o, en la propia península ibérica, los muladíes bajo dominio islámico.

Desde el inicio hubieron miembros de la Casa real incaica cusqueña que apoyarían a los españoles en la Conquista del Imperio incaico, como Túpac Hualpa, Manco Inca o Paullu Inca; en un principio para liberarse de las tropas atahualpistas que tenían sitiada Cusco. Asimismo, el reconocimiento de Túpac Hualpa como Inca, aunque en la práctica un títere, les dio a los españoles una vía legítima para tomar los antiguos dominios del Tahuantinsuyo. Igualmente, Manco Inca apoyó decisivamente en la derrota de las fuerzas atahualpistas y permitir a los españoles instalarse en varios lugares incluyendo el mismo Cusco. Su posterior rebelión y fundación del reino de Vilcabamba fracturó y debilitó aun más a la nobleza inca, tornándose dependiente de la Corona. Finalmente, con Paullu Inca se lograron pacificar extensas porciones del antiguo Collasuyo. Al ser bautizado por Juan Pérez Arriscado, varios otros nobles se persuadieron para convertirse al catolicismo, como García Cayo Topa, Felipe Caro Topa, Juan Paccac, Pascac Inca, Juan Sona, entre otros. Varios de estos incas católicos promoverían la construcción de Ermitas y Parroquias para ayudar al proceso de evangelización. Así, existió una nobleza indígena que articulaba la autoridad española y la Iglesia católica con el grueso de los pobladores costeños y andinos, estos nobles indígenas que colaboraron con los españoles de un modo u otro lo hicieron con la esperanza de que la Corona les permitiera conservar su estatus y privilegios en el nuevo sistema virreinal.

Sin embargo, Manco Inca, debido a los agravios recibidos por los españoles se rebelaría y forjaría su propia línea de sucesión al trono inca, a través de los Incas de Vilcabamba, quienes, por medio del Estado neoincaico, le declararon la guerra a la Monarquía Hispánica. Pese a ello, virreyes del Perú como Pedro de la Gasca, Andrés Hurtado de Mendoza y otros buscaron integrar a esos reductos incas al área de colonización española con el fin de que pudieran controlarlos y terminar las revueltas. El 5 de enero de 1558, el joven soberano, Sayri Túpac, recibió una majestuosa acogida por parte del virrey Hurtado de Mendoza en la ciudad de Lima, en el que acordaron que: A cambio de recibir y reconocérsele propiedades prometidas por los españoles, renunció a sus derechos como soberano del Tahuantinsuyo, en favor de trasladar tales derechos (de ser sucesor de Atahualpa) al rey Felipe II de España y a sus sucesores de la Corona de Castilla, en una aplicación de Translatio imperii.Incas, virreyes y presidentes del Perú, Gustavo Siles (1970).Juan de Betanzos y el Tahuantinsuyo. Nueva edición de la Suma y Narración de los Incas, Rodolfo Cerrón-Palomino (2016).https://cdn.www.gob.pe/uploads/document/file/1680760/Boletin38.pdf.pdf?v=1613737045 Aunque se reanudaría la guerra hispano-inca con su sucesor Titu Cusi Yupanqui, se reafirmaron los términos con el Tratado de Acobamba, por el que aceptaba el Inca ser vasallo del rey Felipe II, solo en la medida de que este cumpliera con el trato, y este a su vez reconocía su título de Inca.miniaturadeimagen|Matrimonio del capitán Martín García Óñez de Loyola con Beatriz Clara Coya y de Juan Enríquez de Borja con Ana María de Loyola Coya, hija de Martín y Beatriz

Durante el Virreinato del Perú, la nobleza incaica la conformaron todos los indígenas nobles; es decir, todos los descendientes de la élite incaica y de las panacas reales. Fueron también nobles reconocidos aquellos indígenas descendientes de las grandes etnias costeñas y andinas. Instaurado el virreinato, la condición de estos nuevos nobles no fue aceptada por los encomenderos, pues creían que esta clase social podría encabezar alzamientos y revoluciones, tal como sucedió durante la rebelión de Manco Inca. Consejo de los 24 electores incas (1550-1570)