miniatura|Gustavo Bueno Martínez (1924-2016), fundador del materialismo filosófico.

El materialismo filosófico es el sistema filosófico desarrollado por el filósofo español Gustavo Bueno Martínez (Santo Domingo de la Calzada, 1924 – Oviedo, 2016). Aunque la expresión «materialismo filosófico» puede designar de forma genérica la posición que afirma la primacía o la exclusividad de la materia como constitutivo fundamental de la realidad —en oposición al idealismo—, en un sentido técnico y propio designa el sistema filosófico que Bueno articuló a lo largo de más de cinco décadas de trabajo académico, y cuyo tratamiento sistemático se inicia con la publicación de Ensayos materialistas en 1972.

El sistema se distingue de otras formas de materialismo —como el materialismo dialéctico, el materialismo mecanicista o el materialismo eliminativista— por articular una ontología de tres géneros de materialidad, una gnoseología basada en la teoría del cierre categorial y una atención sostenida a la historia de la filosofía y de las ciencias positivas. Bueno concebía su sistema no como una doctrina cerrada, sino como un conjunto de coordenadas críticas con las que «triturar» los conceptos heredados de la tradición filosófica.

Contexto histórico y formación del sistema

Trayectoria intelectual de Gustavo Bueno

Gustavo Bueno Martínez estudió Filosofía en las universidades de Zaragoza y Madrid, donde se doctoró en la Universidad Complutense de Madrid. Obtuvo la cátedra de Fundamentos de Filosofía en la Universidad de Oviedo en 1960, institución en la que desarrolló la mayor parte de su labor docente e investigadora hasta su jubilación, y donde fundó el entorno intelectual conocido como la Escuela de Filosofía de Oviedo.

Durante sus primeras décadas, Bueno dialogó intensamente con las corrientes dominantes del pensamiento europeo del : la fenomenología de Edmund Husserl, el existencialismo de Martin Heidegger, el neopositivismo del Círculo de Viena y, especialmente, la tradición del marxismo filosófico. Sin embargo, fue alejándose de todos ellos para construir un sistema propio que considera insuperables los límites del idealismo y del materialismo vulgar por igual.

La obra de Bueno puede dividirse esquemáticamente en varias etapas: una etapa inicial de formación y diálogo con la tradición (decenios de 1950 y 1960); la etapa de sistematización ontológica y gnoseológica (1970-1985); una etapa de aplicación del sistema a la filosofía política, de la religión y de la cultura (1985-2000); y una etapa de síntesis y divulgación (2000-2016).

La expresión «materialismo filosófico»

La expresión «materialismo filosófico» tiene en la obra de Bueno un sentido preciso y técnico. En Ensayos materialistas (1972) Bueno establece una distinción fundamental: el materialismo filosófico no es simplemente «materialismo» —es decir, la doctrina que afirma que solo existe la materia física— sino un sistema que reconoce múltiples géneros de materialidad irreductibles entre sí, y que niega la existencia de entidades inmateriales o sobrenaturales no en cuanto niegue cualquier tipo de abstracción, sino en cuanto rechaza que estas abstracciones puedan subsistir con independencia de los procesos materiales que las generan.

Esta precisión terminológica es importante porque aleja el sistema bueniano tanto del materialismo eliminativista (que reduce todo lo mental a lo físico-neurológico) como del dualismo (que postula la existencia de una mente o alma separada del cuerpo). El materialismo filosófico reconoce la realidad de los contenidos de la conciencia y de las entidades abstractas, pero los sitúa dentro de un contexto material más amplio.

Ontología: los tres géneros de materialidad

El núcleo de la ontología del materialismo filosófico es la doctrina de los tres géneros de materialidad, desarrollada sistemáticamente en Ensayos materialistas y ampliada en El animal divino (1985) y en Teoría del cierre categorial (1992-1993).

Primer género de materialidad (M₁)

El primer género de materialidad (M₁) engloba los cuerpos físicos, las realidades corpóreas que ocupan un lugar en el espacio y son perceptibles por los sentidos. Son los objetos que estudia la física, la química o la biología en sus aspectos más básicos. M₁ corresponde a lo que el sentido común entiende ordinariamente por «materia»: rocas, organismos, galaxias, partículas subatómicas.

Sin embargo, Bueno advierte que reducir toda realidad a M₁ supondría una forma de materialismo mecanicista o de fisicalismo que resulta insuficiente para dar cuenta de la complejidad de la experiencia humana y de la práctica científica. M₁ es el género de materialidad que fundamenta a los demás, pero no los agota.

Segundo género de materialidad (M₂)

El segundo género de materialidad (M₂) comprende las vivencias, las representaciones y, en general, los contenidos de la subjetividad. Los estados mentales, los dolores, los recuerdos, las percepciones subjetivas: todo aquello que no tiene una localización simple en el espacio físico pero cuya existencia resulta indudable para quien los experimenta.

M₂ no equivale a ninguna sustancia espiritual ni a un «alma» separada del cuerpo. Se trata de procesos reales que emergen de la actividad del sistema nervioso y que tienen sus propias estructuras y dinámicas, aunque sean irreductibles a la descripción física de M₁. La psicología y la fenomenología trabajan fundamentalmente sobre este género de materialidad.

Tercer género de materialidad (M₃)

El tercer género de materialidad (M₃) es el más novedoso y problemático de los tres. Comprende las entidades abstractas: los números, las relaciones lógicas, los teoremas geométricos, las instituciones, las formas culturales. Son entidades que no tienen localización espacial ni son vivencias subjetivas, y sin embargo poseen una objetividad y una consistencia propias que las hace irreductibles tanto a M₁ como a M₂.

Bueno subraya que M₃ no equivale a ningún «mundo de las ideas» platónico ni a ninguna entidad espiritual autónoma. Las entidades de M₃ son materiales en el sentido de que surgen de procesos históricos y prácticos concretos, tienen una multiplicidad estructural propia y codeterminan los procesos de M₁ y M₂. La matemática, la lógica formal y buena parte de las ciencias humanas trabajan sobre este género de materialidad.

La distinción entre los tres géneros no implica que existan tres «mundos» separados: se trata de tres modos de ser de la misma realidad material, que se intersectan y codeterminan en la práctica científica y en la experiencia cotidiana.

Gnoseología: la teoría del cierre categorial

La teoría del cierre categorial (TCC) es la propuesta gnoseológica central del materialismo filosófico, desarrollada en la obra homónima en cinco volúmenes publicados entre 1992 y 1993. Constituye una alternativa tanto al empirismo positivista como al racionalismo idealista en su comprensión de qué son las ciencias y cómo producen verdades.

Crítica al epistemologismo

Bueno denomina «epistemologismo» a la tradición filosófica que concibe el conocimiento científico como una relación entre un sujeto cognoscente y un objeto conocido, ya sea en la versión empirista (el objeto imprime su forma en el sujeto a través de la experiencia sensible) o en la versión racionalista (el sujeto impone sus categorías al objeto). Contra esta tradición, Bueno propone que las ciencias no son simplemente formas de conocer objetos previamente dados, sino construcciones que transforman sus propios campos de objetos mediante operaciones técnicas y conceptuales.

El concepto de cierre categorial

Una ciencia alcanza su «cierre categorial» cuando los términos, relaciones y operaciones que constituyen su campo logran una autonomía tal que las verdades que se establecen dentro de ese campo no necesitan ser justificadas por referencia a elementos externos al mismo. El cierre categorial no es un estado de completitud o perfección definitiva, sino un ideal regulativo que orienta el desarrollo de cada disciplina científica.

El criterio fundamental del cierre es la posibilidad de establecer identidades entre los términos del campo a través de operaciones que el propio campo hace posibles. Estas identidades son las que confieren a las proposiciones científicas su carácter de verdades necesarias y universales, distinguiéndolas de las meras generalizaciones inductivas o de las convenciones arbitrarias.

Clasificación de las ciencias

La teoría del cierre categorial permite a Bueno proponer una nueva clasificación de las ciencias que supera la división habitual entre ciencias naturales y ciencias humanas o sociales. Lo que distingue a las ciencias no es el tipo de objeto que estudian (natural o humano) sino el género de materialidad sobre el que ejercen sus operaciones y el modo en que alcanzan —o se aproximan a— el cierre categorial.

Las ciencias más rigurosas, como la física matemática o la química, son aquellas que han logrado mayores grados de cierre en sus respectivos campos. Las ciencias que trabajan con géneros de materialidad más complejos o que involucran la presencia del sujeto operatorio (como la psicología o la sociología) presentan formas de cierre más débiles o incompletas, sin que ello signifique que sean menos científicas en un sentido absoluto, sino que los problemas de cierre son allí más difíciles de resolver.

La Escuela de Filosofía de Oviedo

Origen y carácter

La Escuela de Filosofía de Oviedo es el entorno intelectual, académico e institucional en el que se desarrolló y difundió el materialismo filosófico. Su núcleo originario fue el Departamento de Filosofía de la Universidad de Oviedo, donde Bueno ejerció su magisterio desde 1960 hasta su jubilación. El término «Escuela de Oviedo» fue utilizado de forma creciente a partir de los años ochenta para referirse al conjunto de discípulos, colaboradores y continuadores del pensamiento bueniano, y fue formalizado institucionalmente por la Fundación Gustavo Bueno a partir de 2010.

La Escuela se caracteriza por su rigor terminológico, su atención simultánea a los problemas de la filosofía sistemática y a los problemas del «presente histórico», y su rechazo tanto del academicismo especializado que pierde de vista los grandes problemas filosóficos como de la divulgación que los trivializa.

Instituciones y publicaciones

Las principales instituciones y publicaciones vinculadas a la Escuela de Oviedo son:

La Fundación Gustavo Bueno, con sede en Oviedo, dedicada a la conservación, edición y difusión de la obra de Bueno y al desarrollo del materialismo filosófico. Su portal digital (fgbueno.es) ofrece acceso libre a gran parte de la obra de Bueno y de sus colaboradores. La revista El Basilisco, fundada en 1978 y relanzada en 1989, dedicada a la publicación de trabajos académicos de filosofía desde las coordenadas del materialismo filosófico. La revista El Catoblepas, de periodicidad mensual, orientada al análisis crítico del presente político, cultural y social desde el materialismo filosófico. Las Obras completas de Gustavo Bueno, actualmente en proceso de publicación por las editoriales Pentalfa y Permeso bajo la supervisión de la Fundación.

Principales continuadores

Entre los filósofos y académicos que han desarrollado el sistema del materialismo filosófico en diversas disciplinas se encuentran:

Pelayo García Sierra, autor del Diccionario filosófico. Manual de materialismo filosófico, obra de referencia para el estudio del sistema. David Alvargonzández, catedrático y autor de estudios críticos sobre la obra de Bueno, entre los que destaca La filosofía de Gustavo Bueno. Comentarios críticos. Felipe Giménez Pérez, autor de El materialismo filosófico de Gustavo Bueno, una de las exposiciones más completas y accesibles del sistema. Gustavo Bueno Sánchez, hijo del filósofo y director de la Fundación Gustavo Bueno, responsable de la edición y difusión de las obras completas.