thumb|upright=1.3|Un acróstico de 1850 en inglés por el grabador estadounidense Nathaniel Dearborn (1786-1852). La primera letra de cada línea forma el nombre "Jenny Lind". Un acróstico es una composición poética o prosaica cuya primera letra (o sílaba, o palabra) de cada verso (o párrafo, u otra característica recurrente en el texto) es leída en sentido vertical y forma una palabra o una locución. Por extensión, se llama también acróstico a la palabra o frase formada con la composición acróstica.

Como forma de escritura constreñida, un acróstico puede utilizarse como recurso mnemotécnico para ayudar a recuperar la memoria. Cuando la última letra de cada nueva línea (u otra característica recurrente) forma una palabra, se denomina teléstico; la combinación de un acróstico y un teléstico en la misma composición se denomina acróstico doble (por ejemplo, el cuadrado Sator latino del ).

Los acrósticos son comunes en la literatura medieval, donde suelen servir para destacar el nombre del poeta o su mecenas, o para rezar a un santo. Son más frecuentes en las obras en verso, pero también pueden aparecer en prosa. El poeta Rudolf von Ems, por ejemplo, comienza todas sus grandes obras en alto alemán medio con un acróstico de su nombre, y en su Weltchronik ("Crónica del Mundo") marca el comienzo de cada época con un acróstico de la figura clave (Moisés, David, etc.). En las crónicas, los acrósticos son comunes en alemán e inglés, pero poco frecuentes en otros idiomas.

Etimología El término proviene del francés acrostique o acrostiche, del latín tardío acrostichis, del griego koiné ἀκροστιχίς akrostichís, del griego antiguo ἄκρος ákros: «más alto, más elevado» y στίχος stikhos: «línea», «verso».

Forma Los acrósticos relativamente sencillos pueden limitarse a deletrear las letras del alfabeto en orden; este tipo de acróstico se denomina «acróstico alfabético» o abecedarius. Estos acrósticos aparecen en la Biblia hebrea en los cuatro primeros capítulos del libro de las Lamentaciones, en el elogio a la mujer virtuosa en Proverbios 31:10-31, y en los Salmos 9-10, 25, 34, 37, 111, 112, 119 y 145. Entre los salmos acrósticos destaca el extenso Salmo 119, que suele imprimirse en subsecciones que llevan el nombre de las 22 letras del alfabeto hebreo, cada sección consta de 8 versículos, cada uno de los cuales comienza con la misma letra del alfabeto, y el salmo completo consta de 22 x 8 = 176 versículos; y el Salmo 145, que se recita tres veces al día en las oraciones judías.

Algunos salmos acrósticos son técnicamente imperfectos. Por ejemplo, el Salmo 9 y el Salmo 10 parecen constituir juntos un solo salmo acróstico, pero la longitud asignada a cada letra es desigual y cinco de las 22 letras del alfabeto hebreo no están representadas y la secuencia de dos letras está invertida. En el Salmo 25, una letra hebrea no está representada y la letra siguiente (Resh) se repite. En el Salmo 34, el versículo final actual, el 23, encaja con el contenido del versículo 22, pero añade una línea adicional al poema. En los Salmos 37 y 111, la numeración de los versículos y la división en líneas interfieren entre sí; como resultado, en el Salmo 37, para las letras Dálet y Kaf solo hay un versículo, y la letra Ayin no está representada. Los salmos 111 y 112 tienen 22 líneas, pero 10 versículos. El Salmo 145 no representa la letra Nun, ya que tiene 21 versículos, pero un manuscrito de Qumrán de este salmo sí tiene ese versículo que falta, lo que concuerda con la Septuaginta. Algunos, como el teólogo cristiano estadounidense O. Palmer Robertson (1937-), consideran que los salmos acrósticos del libro 1 y del libro 5 de los Salmos son recursos didácticos y mnemotécnicos, así como transiciones entre temas en la estructura de los Salmos.

A menudo, la facilidad con la que se detecta un acróstico puede depender de la intención de su creador. En algunos casos, el autor puede desear que el acróstico tenga más posibilidades de ser percibido por un lector observador, como el acróstico que aparece en la Hypnerotomachia Poliphili (donde las letras mayúsculas clave están decoradas con adornos ornamentados). Sin embargo, los acrósticos también pueden utilizarse como una forma de esteganografía, en la que el autor busca ocultar el mensaje en lugar de proclamarlo. Esto puede lograrse haciendo que las letras clave tengan un aspecto uniforme con el texto circundante, o alineando las palabras de tal manera que la relación entre las letras clave sea menos obvia. En esteganografía, se denominan "cifrados nulos" () y utilizan la primera letra de cada palabra para formar un mensaje oculto en un texto que, por lo demás, es inocuo. El uso de letras para ocultar un mensaje, como en los cifrados acrósticos, era muy popular durante el Renacimiento y podía emplear varios métodos de cifrado, como seleccionar otras letras que no fueran iniciales basándose en un patrón repetitivo (secuencias de letras equidistantes) o incluso ocultar el mensaje comenzando por el final del texto y trabajando hacia atrás.

La vida del acróstico En el el monje francés Abón de Fleury escribió una carta acróstica, la cual se incluyó en el cuarto libro de la Bibliotheca Latina de Johann Albert Fabricius.

Los poetas provenzales son por algunos considerados como los primeros que se dedicaron a este género de composiciones y de ellos parece ser que lo aprendieron los poetas castellanos.

Este tipo de artificio literario se ha extendido especialmente en momentos históricos en los que las formas rebuscadas han tenido más predicamento, como el Barroco literario.

Acrósticos célebres Griego El poeta didáctico del Arato, muy admirado e imitado por Cicerón, Virgilio y otros escritores latinos, parece haber iniciado la moda de utilizar acrósticos. Un ejemplo es el famoso pasaje de Fenómenos 783-787, donde la palabra λεπτή leptḕ «delgada, sutil» aparece como un acróstico gamma (en el que las mismas palabras se encuentran tanto en horizontal como en vertical y dan la forma de la letra griega Γ) y también dos veces en el texto, así como en diagonal en el texto e incluso de forma críptica tomando las letras iniciales de ciertas palabras en las líneas 2 y 1:

Según Cicerón, en su obra De divinatione, los acrósticos eran un elemento habitual de los libros sibilinos (que estaban escritos en griego y redactados en hexámetros). Cicerón se refiere a un acróstico en este pasaje utilizando la palabra griega ἀκροστιχίς.

Un acróstico muy conocido en griego es el de la frase "Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador", cuyas iniciales forman la palabra ΙΧΘΥΣ (ICHTHYS), que significa «pez»:

Latín Recientemente se han descubierto varios acrósticos en poetas romanos, especialmente en Virgilio. Entre otros, en la Égloga novena de sus Bucólicas, el acróstico VNDIS «en las olas» (líneas 34-38) precede inmediatamente a las palabras quis est nam ludus in undis? «¿qué deleite hay en las olas?», y DEA DIO (es decir, dea Dione «la diosa Dione») (líneas 46-51) en un pasaje que menciona a la diosa Dione (otro nombre de Venus). En la Égloga octava, junto a un pasaje en el que se dedica el poema a una persona anónima y se le pide que lo acepte, Neil Adkin lee las palabras TV SI ES ACI (es decir, accipe) «si eres tú, ¡acéptalo!».

En la Eneida, en un pasaje que menciona a Marte y la guerra, y describe la costumbre de abrir las puertas del templo de Jano; el nombre MARS («Marte» en latín) aparece en forma de acróstico, así como en el texto, de la siguiente manera:

En el libro 1 de las Geórgicas, junto a un pasaje que contiene las palabras namque es certissimus auctor «pues él es el autor más seguro», se encuentra el acróstico inverso de doble letra MA VE PV (es decir, Publius Vergilius Maro, el nombre completo de Virgilio) en líneas alternas.

En la Égloga sexta, 13-24, Virgilio utiliza un acróstico doble, con la misma palabra LAESIS «para aquellos que han sido perjudicados» tanto hacia arriba como hacia abajo, comenzando por la misma letra L en la línea 19.

Otro acróstico doble se encuentra en el libro segundo de la Eneida, donde la palabra PITHI (es decir, πείθει, que en griego significa «persuadir» o «engañar») aparece primero al revés en los versos 103-107 y luego hacia adelante en los versos 142-146, al principio y al final de un discurso de Sinón en el que persuade a los troyanos para que introduzcan el caballo de madera en la ciudad. El descubridor de este acróstico, Neil Adkin, señala que la misma palabra πείθει aparece más o menos en los mismos números de línea en una línea repetida que describe cómo Penélope, la esposa de Odiseo, engañó a los pretendientes en la Odisea 2.106 y 24.141."ὣς τρίετες μὲν ἔληθε δόλῳ καὶ ἔπειθεν Ἀχαιούς" «Así, tres años, con dolo eludía y convencía a los aqueos».

Recientemente se ha detectado otra palabra griega transcrita utilizada como acróstico en una profecía pseudo-sibilina en las sílabas DE CA TE (es decir, la palabra griega δεκάτη, «décima») en la Égloga cuarta, donde DEC A TE se repite de forma críptica tanto hacia delante como hacia atrás en la línea 11 en una referencia al surgimiento de una nueva edad de oro bajo el reinado de Apolo:

Como señala Leah Kronenberg (2018), hay dos acrósticos ocultos en otra profecía pseudo-sibilina: el poema 5 del libro segundo de las Elegías de Tibulo. Las palabras AVDI ME «¡escúchame!» aparecen en las primeras letras de versos alternos al comienzo de la profecía (2.5.16-26). Este primer acróstico comienza con la palabra abdita «ocultos hados» justo después de que se haya descrito a la Sibila como profetizadora:

Después, la palabra AMES «¡que ames!» aparece en las primeras letras de versos alternos 2.5.116-122. El segundo acróstico (que parece ser un mensaje dirigido a la propia Némesis) comienza justo después de que Tibulo se haya referido a sí mismo como vates «vidente» en el verso 2.5.114:

El amigo de Virgilio, Horacio, también utilizaba ocasionalmente acrósticos, pero aparentemente mucho menos que Virgilio. Algunos ejemplos son DISCE «¡aprende!» (Odas 1.18.11-15) (formando un acróstico gamma con la palabra discernunt «disciernen» en la línea 11) y OTIA «ocio» en Sátiras 2.1.7-10, que aparece justo después de que Trebacio le aconseje a Horacio que se tome un descanso de escribir sátiras:

El acróstico OTIA también aparece en Las metamorfosis de Ovidio, en un pasaje que describe el regreso a Roma del rey Numa Pompilio, amante de la paz:

La segunda oda del cuarto libro de las Odas, que comienza con la palabra Pindarum «(el poeta) Píndaro», tiene junto a esta el acróstico gamma truncado PIN:

En el primer poema de los Epodos de Horacio (también conocidos como Iambi, «Yambos»), las dos primeras líneas comienzan con Ibis... amice «Irás, amigo», y se ha sugerido que estas palabras fueron elegidas deliberadamente para que sus letras iniciales IBI... AM pudieran reordenarse para leer IAMBI.

Hacia finales del , se añadió un resumen en verso de la trama a cada una de las obras de Plauto. Cada uno de ellos tiene un acróstico con el nombre de la obra, por ejemplo:

El poeta Comodiano, del , escribió una serie de 80 poemas cortos sobre temas cristianos titulada Instructiones. Cada uno de ellos es totalmente acróstico (a excepción del poema 59, en el que las letras iniciales siguen el orden alfabético), y comienzan con PRAEFATIO «prefacio» e INDIGNATIO DEI «la indignación de Dios». Las iniciales del poema 80, leídas al revés, dan COMMODIANUS MENDICUS CHRISTI «Comodiano, el mendigo de Cristo».

El poeta latino del Optaciano Porfirio escribió un panegírico a Constantino el Grande en caligramas y versos acrósticos, en el principio y en medio de ellos.

Español 300 px|thumb|Acróstico de Odoario en la Catedral de Santa María de Lugo. El primer ejemplo de este tipo de composiciones en español data del , en el código de las Siete Partidas. Las primeras letras reunidas de cada una de las siete partes (o "partidas") componen el nombre Alfonso, el rey que mandó escribirlas:

A seruicio de Dios... (A servicio de Dios...)